Flor de Tilo Atelier

¡Hola a todos!

Este es un artículo un poco diferente, porque no hablo de viajes ni os enseño una ciudad. Hoy me gustaría enseñaros el taller de costura de Esther y Paloma. ¡Han empezado a diseñar y hacer ropa!

Han abierto una tienda en Facebook llamada Flor de Tilo Atelier. De momento hacen chaquetas con estilo oriental, aunque seguro que pronto empiezan a hacer también otras prendas. Sus telas son de la mejor calidad, con origen tanto japonés como español. Lo mejor de todo es que son prendas completamente personalizadas: puedes elegir el modelo de chaqueta y el tipo de tela que más te guste.

Hoy me he pasado por su taller de costura para ver cómo trabajan.

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Me gustó mucho la chaqueta que tenían en el maniquí, una chaqueta corta “Magnolia”. Pero también tienen otros modelos, que podréis ver en su página de facebook.

Me decidí a encargarles una chaqueta. Lo primero que hay que hacer es elegir un modelo de chaqueta y el tipo de tela

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Tienen todas sus telas y modelos en facebook, ¡pero a mí me dejaron ver su catálogo original!

Cuando ya has decidido qué chaqueta quieres y qué tela te gusta más, es hora de medirte para que puedan hacer una chaqueta especialmente para ti. Necesitan el largo de tu brazo, contorno de pecho, cintura y cadera.

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Por último, hay que escribirles un mensaje, ya sea por facebook, o por email a flordetiloatelier@gmail.com , diciendo cómo quieres tu chaqueta, qué medidas tienes, y añadiendo tu dirección para que te la envíen. ¡Envían a todo el mundo! 

Cuando reciban tu mensaje, te enviarán una factura de PayPal a tu correo electrónico con el precio total de la chaqueta y de los gastos de envío. Sólo tendrás que hacer clic en el enlace para pagar. Si no tienes cuenta de PayPal, no pasa nada, puedes pagar en el mismo enlace con tu tarjeta de crédito.

Una vez hecho el pago, Esther y Paloma se pondrán manos a la obra con tu chaqueta. ¡En unos siete días la tendrán lista para enviar!

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¡Qué máquina tan grande y complicada!

¡Yo estoy deseando probarme mi chaqueta! Seguro que me queda genial, porque Esther y Paloma cosen muy bien. ¡Toda la ropa que me habéis visto en la página la han hecho ellas!

¿Por qué no os animáis a echar un vistazo a su página? ¡Seguro que os encanta!

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Valle del Elqui: Vicuña y Cerro Mamalluca

Hace tiempo, cuando escribí el artículo sobre La Serena, os conté que había hecho una pequeña ruta por el Valle del Elqui, así que aprovecho que dentro de un par de semanas vuelvo a Chile para contarios cómo fue esa ruta, y todas las cosas interesantes que nos encontramos.

Es una visita imprescindible si vas a pasar por la zona de Coquimbo, tiene muchísimos encantos. Por un lado, están los preciosos paisajes naturales del valle y la cordillera. ¡Las rutas de senderismo son impresionantes! También es ideal para disfrutar del turismo gastronómico, probando comida típica, tanto marisco, del que ya os hablé en el artículo sobre La Serena, como productos derivados de la papaya (dulces, helado, papayas confitadas, zumo de papaya… ¡hay papayas por todas partes!). El vino del Valle del Elqui es famoso en todo el mundo (¡aquí en Alemania se puede encontrar en muchos sitios!), ya que la zona está repleta de viñedos, y también se fabrica aquí un típico licor llamado pisco. Pero lo que más me impactó fue el hecho de que esta región cuente con los cielos más despejados del mundo. ¡La cantidad de estrellas que es posible ver es alucinante! Por esta razón, en el valle hay multitud de observatorios astronómicos, como el de La Silla, el de Collowara, el Cerro Mayu y el Cerro Tololo. ¡Qué nombres tan graciosos! La mayoría vienen del quechua o del aimara.

Decidimos que íbamos a aprovechar el día al máximo. Durante el día recorreríamos el valle y alguno de sus pueblecitos pintorescos, y de noche, al final de nuestra ruta, veríamos las estrellas. Cogimos el coche que alquilamos en La Serena, y arrancamos por la ruta 41 hacia nuestro destino: el Observatorio Astronómico Cerro Mamalluca, en Vicuña.

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Mirásemos a donde mirásemos, había paisajes verdes y viñedos. ¡Precioso!

La Ruta 41 sigue el curso del río Elqui, desde su desembocadura en el Océano Pacífico, atravesando la cordillera de los Andes, ¡hasta llegar a Argentina! Nosotros hicimos la mitad del recorrido, aunque algún día me gustaría hacer la ruta completa. A lo largo de la carretera hay pueblecitos donde hacer alguna paradita a tomar algo. Pasamos por Algarrobito y Pan de Azúcar, conocidos por su gastronomía (en el primero podréis probar dulces de papaya y manjar blanco, en el segundo hay gran variedad de hortalizas, aceite y quesos de cabra); Quebrada de Talca, donde se encuentra el observatorio Cerro Mayu, y se puede beber un buen vino; y el Molle, donde se encuentra un complejo arqueológico con el mismo nombre, en el que se descubrieron los inicios de un antiguo pueblo agrícola y alfarero.

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En Vicuña hay un mural con todos los pueblitos de la región. ¡No me cabía entero en la foto!

Nuestra primera parada fue en el Embalse Puclaro. Cuando fui estaba más lleno de lo normal, porque había sido un año de muchas lluvias. ¡Qué viento hacía! Al parecer eso es normal en este lugar, e incluso se construyó una curiosa escultura que suena al pasar el viento por ella. Marta me tuvo que sujetar las patitas en las fotos para que no me volase. ¡Pero vaya vistas tan bonitas! Algo que me llamó mucho la atención fue el contraste entre ambos lados del embalse: a un lado había preciosos paisajes verdes, y el otro tenía un aspecto ¡casi de desierto!  A un lado había viñedos, y al otro, cactus.¡Qué curioso! Nos quedamos un rato disfrutando del sol y del paisaje, mientras tomábamos un rico helado de papaya.

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¡Mirad qué paisajes tan preciosos!

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El fruto de esos cactus se llama copao. Está muy rico y tiene muchas propiedades beneficiosas.

Otra cosa curiosa del embalse es el pueblo que hay junto a él: Nuevo Gualliguaica. ¿Por qué nuevo?, os preguntaréis. ¡Resulta que el Gualliguaica original se encuentra sumergido bajo el agua!

Al fin llegamos a Vicuña, ciudad fundada en el siglo XIX por Joaquín Vicuña y Larraín, bajo el mando de Bernardo O’Higgins. Lo primero que hicimos fue aparcar el coche, e ir a reservar los tickets para el observatorio Cerro Mamalluca, para asegurarnos de que teníamos sitio para la visita de aquella noche. Después paseamos por la ciudad. Desgraciadamente la Plaza de Armas, dedicada a Gabriela Mistral, estaba en obras y apenas pudimos ver nada. Tuvimos la mala suerte de pillar también cerrado el museo de Gabriela Mistral, réplica de su casa natal. ¡Qué mala pata!

¿Sabéis quién era Gabriela Mistral? Fue una famosa poetisa nacida en Vicuña, que ganó el premio Nobel de Literatura. Es por eso que por toda la región hay homenajes a ella: museos, esculturas… Su tumba se encuentra en un pueblo llamado Monte Grande, unos kilómetros pasado Vicuña, siguiendo la misma ruta.

Lo que sí pudimos ver fue la Torre Bauer, que pretendía imitar a torres similares en Alemania, y la iglesia. Es pequeña, pero muy bonita. Estaba aún en restauración, porque quedó algo dañada en el último terremoto.  ¡Qué miedo dan los terremotos! A mí me tocó vivir uno dos días después de esta visita.

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Esta es la Torre Bauer.

También pudimos visitar el Pueblito de los Artesanos, donde, como su nombre indica, pueden encontrarse productos de artesanía local. ¡Aprovechamos para comprar un par de recuerdos!

Desgraciadamente ya era un poco tarde para visitar algunos museos, como el Entomológico y de Historia Natural, con una gran colección de insectos, y el museo Solar de los Madariaga, que expone arquitectura local del siglo XIX.

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¡Qué lindo es el Pueblito de los Artesanos!

Al fin llegó la noche, así que nos dirigimos de nuevo a la taquilla del Cerro Mamalluca y, siguiendo al bus guía, nos pusimos en camino hacia el observatorio. ¡Mucho ojo con el camino! Como es un observatorio astronómico, es muy importante que no haya NADA de contaminación lumínica, con lo cual el camino para llegar no tiene iluminación. Es un caminuco de tierra muy empinado, lo cual es comprensible, tratándose de un observatorio bien metido en la cordillera, donde el acceso está restringido. ¡Pero mucho cuidado con el coche! Nosotros no pensamos en ello al alquilarlo, y creedme, ir con un Picasso no fue muy buena idea. Tuvimos un breve momento de pánico cuando se nos metió la rueda en un agujero. Por suerte, Marta es muy buena conductora, con buena capacidad de improvisación (se nota que aprendió en el centro de Madrid), y salimos bien del apuro.

Al bajar del coche y mirar al cielo ya me quedé embobada. ¡Nunca en mi vida había visto tantas estrellas! Podía distinguirse perfectamente la Vía Láctea… ¡y yo diría que el universo entero! Nuestro guía, Onias, nos explicó muchas curiosidades sobre las estrellas y los planetas, y nos enseñó a distinguir algunas constelaciones, como Escorpio y la Cruz del Sur, que sólo se ve desde el Hemisferio Sur. También nos mostró las constelaciones Incas. Resulta que los incas no veían las constelaciones como nosotros estamos acostumbrados, uniendo las estrellas para formar figuras. Para ellos, las constelaciones eran las manchas oscuras que se distinguían en la Vía Láctea. ¡Recuerdo una igual a una llama, con sus ojos y todo!

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Onias también es fotógrafo, y nos enseñó un par de trucos para fotografiar el cielo. ¡Mirad qué pasada de fotos conseguimos hacer! Y eso no es nada comparado con las fotos que hace él. ¡Echad un vistazo a su página de facebook! Incluso hizo una foto a Marta y a Joaquín. Para sacar buenas fotos, lo mejor es tener un trípode, para tener la cámara lo más quieta posible. Nosotros no teníamos, así que las hicimos poniendo la cámara en el suelo, enfocando hacia arriba. ¡Para la próxima me compraré uno de estos flexibles!

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El observatorio también tiene un enorme telescopio giratorio, por el que pudimos mirar. ¡Pudimos ver Saturno con todos sus anillos! Es una experiencia inolvidable, y estoy segura de que algún día volveré.

Me habría quedado toda la noche tumbada en la hierba mirando ese cielo estrellado, pero era ya muy tarde y debíamos volver a La Serena, ya que al día siguiente volábamos de vuelta a Santiago. No sé muy bien cómo lo hicimos, porque a la ida desde Vicuña nos pareció ver un sólo camino, pero a la hora de volver, de algún modo aparecimos directamente en la autopista dirección a La Serena, sin pasar por Vicuña. ¡Todo un misterio!

Como cogimos el gusto a eso de fotografiar el cielo, teníamos intención de fotografiar la superluna que hubo un par de días después, pero tuvimos la mala suerte de que en Santiago estaba nublado. Eso sí, desde el avión de vuelta a Düsseldorf se veía preciosa. A pesar de que la azafata me riñó por tener la ventanilla subida, saqué una de las mejores fotos que he hecho en mi vida.

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Con esta preciosa vista de la superluna sobre el Atlántico, despedimos este artículo. ¡Nos vemos pronto!

 

Bremen

Una de las ciudades que más me gustan de Alemania es, sin duda alguna, Bremen. Tanto, que he ido ya dos veces: una en invierno y otra en verano.

¡Es una ciudad de cuento! (Y no lo digo sólo por el cuento de “Los músicos de Bremen”… aunque también). Es pequeñita, encantadora, ¡y con mucha historia! Se tarda aproximadamente tres horas en tren desde Düsseldorf, aunque la segunda vez fui desde Hamburgo, desde donde se tarda una hora.

Lo primero que hicimos en cuanto llegamos fue localizar la oficina de turismo, para hacernos con un mapa. Una vez con él, comenzamos nuestra ruta. El primer paso era cruzar el un puente hasta el Altstadt (el casco antiguo). Y mientras cruzábamos nos encontramos con…  ¡un molino!

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¿Os gusta más el paisaje de invierno, con el río helado?

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¿O preferís el paisaje veraniego, con el molino reflejado en el río?

¡Parecía de cuento! Fuimos a verlo de cerca. Se trata del Mühle Am Wall. ¡Y qué paisaje tan bonito lo rodea! El río helado le da un toque especial, pero el contraste de colores que le da el verano también es precioso.

Al acercarnos vimos que el molino era también un restaurante-cafetería, así que Marta y Joaquín decidieron tomarse un café bien calentito. Pero después se arrepintieron. ¡Qué caro era! Yo, en cambio, preferí quedarme jugando con la nieve. Por supuesto, en verano aprendimos la lección, y decidimos tomar el café en otro sitio. ¡Esta vez un capuccino fresquito!

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¡Vaya contraste entre invierno y verano!

Mientras caminábamos en dirección al Altstadt, dando un pequeño rodeo para callejear un poco, nos encontramos varias cosas curiosas. La primera fue una estatua de un hombre haciendo sonar un cuerno, acompañado de su perro y muchos cerditos. No estábamos seguros de si era un monumento representativo de Bremen, pero me apetecía hacerme una foto. En la segunda nos fijamos después, porque nos extrañamos al ver un grupo de gente señalando al suelo. ¿Qué habría ahí? Era un cuadrado de baldosines, cuya unión forma una cruz en el centro. Buscamos en internet para ver qué representaba. Era la Spuckstein (la “piedra de escupir”), que nos recuerda la historia de Gesche Gottfried, una asesina en serie que envenenó a quince personas. La piedra se encuentra en el sitio donde la ejecutaron en la guillotina, y escupir sobre ella supone mostrar desprecio hacia la asesina. ¡Qué espeluznante!

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¿Qué le pasaba a la señora del gorro rojo? ¿Nunca había visto una gallina con jersey y bufanda?

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¡Una pareja de cerditos felices!

Llegamos a la Marktplatz, la plaza del mercado, donde estaban el Ayuntamiento (Rathaus) y, junto a este, la estatua de los músicos de Bremen. ¿Sabéis que da buena suerte tocarle el hocico al burro? ¡Por eso tiene el hocico dorado! Aunque claro, los hay que sólo llegan a las patas…

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Mi idea era subirme al gallo… ¡Pero estaba demasiado alto!

¡El Ayuntamiento es un edificio alucinante! ¿Sabéis que la UNESCO lo declaró Patrimonio de la Humanidad? Se construyó a principios del siglo XV, y gran parte sobrevivió a la guerra. El edificio por dentro es aún más increíble. La cámara del Senado impresiona, con los techos de madera, la escalera tallada en madera holandesa y las vidrieras. El Ayuntamiento era la sede del alcalde y del Senado, que ejercían de jueces en la ciudad. Todos los ciudadanos eran libres de entrar y presentar peticiones.

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Desde aquí se pueden ver la fachada del ayuntamiento y la catedral de San Pedro.

Pero lo que más me sorprendió fueron los barcos colgados del techo. ¿Qué hacen unos barcos en el ayuntamiento de una ciudad sin puerto?, me pregunté. Resulta que la ciudad de Bremen se expandió hasta el mar, hasta Bremerhaven, donde tiene su puerto. ¡Y no sólo eso! Al igual que Hamburgo, Bremen era una ciudad independiente y formaba parte de la Liga Hanseática, con lo cual su puerto fue de los más importantes.

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Los tres barcos son réplicas de la flota que se creó para luchar contra la piratería inglesa.

También hay una cámara dorada, a la que nos pudimos asomar, dedicada a Carlos V de Alemania… ¡Que no era otro que Carlos I de España! El emperador Wilhelm II, que residió en Bremen, se construyó una sala sólo para él, desde donde tenía una buena vista de la plaza, rodeado de retratos de los emperadores anteriores… pero prefería pasar en rato la bodega. Y hablando de la bodega  (Ratskeller), tras 600 años, sigue en funcionamiento. Ofrece unas comidas deliciosas y unos vinos buenísimos. ¡Ideal para almorzar!

Justo enfrente del ayuntamiento está la estatua de Roland de Bremen, que representa la libertad de la ciudad. Se dice que, mientras la estatua esté en pie, la ciudad permanecerá libre. Por eso hay una copia de la estatua bajo el ayuntamiento, para colocarla en caso de que caiga. ¡Qué listos!

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¡Aquí está nuestro amigo Roland, el inmortal con un clon bajo tierra!

Junto al ayuntamiento está la Catedral de san Pedro (St. Petri Dom). ¡Se construyó en el año 789! No me podía hacer a la idea de que fuera tan antigua. Después, poco a poco se fue ampliando y renovando en los estilos románico y, después, gótico. ¡Es tan bonita!

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¿Véis? Os dije que no parecía tan antigua.

En la plaza también vimos desde fuera los edificios de la Casa de la Ciudadanía y la Casa de Comercio (Schütting).
Después nos metimos por Böttcherstraße, un callejón “secreto” construido a principios del siglo XX, a base de ladrillo rojo, por un rico comerciante que quiso darle a la calle un toque especial. La mayoría de los edificios son galerías de arte, pequeños museos y tiendecitas de artesanía, es una callejuela con mucho encanto. Entre los museos, me llamó la atención la Casa Roselius, un edificio renacentista que en el siglo XX fue convertido en un museo de arte por el coleccionista Ludwig Roselius.

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Bueno, con esa enorme placa dorada, muy secreto no es.

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Pero hubo algo que nos llamó la atención. Un poco escondida, había una pequeña tienda, llamada Bremen Bonbon Manufaktur, donde fabrican caramelos. Entramos sólo por probar uno, pero ¡estaban tan deliciosos que acabamos comprando varios botes! Uno para nosotros, uno para Alicia, uno para los padres de Marta, unas piruletas para las hermanas de Joaquín… ¡Qué delicia! No os exagero cuando os digo que son los mejores caramelos que he probado en mi vida.

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Al final del callejón estaba el Carrillón de Porcelana, que toca a ciertas horas varias melodías. ¡Era como estar en una caja de música!

Al salir de Böttcherstraße llegamos al Río Weser, y decidimos parar a comer algo. Como soy española, suelo comer un poco tarde, comparado con los alemanes, pero los pequeños restaurantes de salchichas y patatas siempre están abiertos.

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Tras reponer fuerzas seguimos el río hasta el Barrio Schnoor, el más antiguo de la ciudad (¡sus casas más antiguas se construyeron en el siglo XV y siguen en pie!). “Schnoor” significa cordel en alemán, y el barrio se llama así porque las casas pequeñitas y juntas recuerdan a las perlas que se engarzan en el cordel de un collar. ¡Este barrio sí que parece de cuento! Con sus casitas de fachadas coloridas y llenas de flores… La mayoría son ahora pequeños restaurantes y tiendecitas de recuerdos y artesanía. Aprovechamos para comprar un par de regalos (aunque más bien fueron auto-regalos). Nos pasamos un buen rato callejeando. Tanto en invierno como en verano, con el atardecer había una luz muy bonita. ¡Perfecta para hacer algunas fotos!
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Aquí tenemos a Esther, posando en un callejoncito de Schnoor.

Con la hermosa imagen de Schnoor nos despedimos de Bremen. En mis dos estancias, esta ciudad me dejó muy buen sabor de boca, tengo muchas ganas de volver a visitarla.

Espero que hayáis disfrutado de mis aventuras en Bremen, ¡y que podáis visitarlo pronto vosotros también! Os aseguro que merece la pena. ¡Nos vemos en nuestro próximo artículo! Os prometo que me pondré las pilas para escribir todo lo que me falta.

Pero si no queréis esperar a que escriba (que lo entiendo, soy muy pesada), podéis seguirme en mis redes sociales, facebook e instagram. Ahí siempre podréis encontrar fotos de mis viajes ¡en el momento!

Castillo de Manzanares el Real

Muchos de vosotros ya lo sabéis, pero ¡hoy es mi cumpleaños! Cumplo siete años, y parece que fue ayer cuando aún estaba en la estantería de una tienda rodeada de más gallinitas… ¡Cómo pasa el tiempo!

Mientras me como mi deliciosa magdalena de cumpleaños, os cuento una de mis últimas excursiones, al castillo de Manzanares el Real, en Madrid.

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Una tarta sería demasiado grande para mí, ¡pero me encantan las magdalenas de chocolate!

¡No hay nada como un sábado de excursión con amigos! Manzanares el Real está en Madrid, a poco menos de una hora en coche del centro de la ciudad, y es un pueblo bonito y tranquilo de montaña, junto al río Manzanares y a los pies de la Sierra de Guadarrama y de La Pedriza, lugar ideal si te gusta el senderismo y los paseos por la montaña. Otro día quizá os enseñe algunas rutas de La Pedriza, pero aquel día nuestro objetivo era otro: visitar el Castillo. Así que Marta, Luis, Marian, Nuria y yo nos pusimos en marcha bien tempranito por la mañana.

Una vez allí nos enteramos de algo muy interesante. ¿Sabíais que en Manzanares había dos castillos? Este dato es muy poco conocido, pero el castillo que todos conocemos es el más nuevo de los dos. Resulta que, tras la reconquista de la zona a los árabes, en el siglo XIV se le entregó esta comarca a la familia Mendoza, que construyó una fortaleza junto al río. Pero de esta sólo se conservan los cimientos, ya que…

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Aunque ahora no lo parezca, esto era un castillo. La farola se ha conservado muy bien. Ah, ¿que no había electricidad en el siglo XIV?

…las piedras del castillo original se utilizaron para construir el castillo nuevo un siglo después, que es el que todos conocemos. Este, sin embargo, no era una fortaleza, sino un palacio y residencia de la familia Mendoza. ¿Cómo sabemos esto? Nuestra guía nos lo explicó con un sencillo ejemplo: ¿acaso os parece que ese balcón tan bonito es práctico para defenderse?

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¡Esto sí se puede llamar castillo!

Aquí residió la familia Mendoza, duques del Infantado, durante más o menos un siglo. Sin embargo, la familia quedó arruinada y no pudo seguir manteniéndolo, así que el castillo fue abandonado. ¡Qué pena!  Por suerte, a lo largo de los siglos, el castillo se mantuvo casi intacto, hasta que, a principios del siglo XX, comenzó a ser restaurado.

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¡Desde la cabeza de Marian se ve todo el patio!

¡El castillo está muy bien restaurado! Han vuelto a poner muebles, han arreglado la calefacción… Espera, me dice Marta que en el siglo XV no había calefacción. ¡Bueno, las chimeneas también están arregladas! Está todo planeado para que, al entrar en el castillo, sientas que has viajado al pasado.

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Aquí estoy, esperando a que los mayordomos me sirvan la cena.

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Ser noble en aquella época tenía que ser duro, con tantas cartas que leer, ¡y con tan mala caligrafía!

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Nuria me subió por las escaleras de caracol. ¡Qué mareo!

Lo que más me gustó del castillo fueron las torres y los balcones, de estilo gótico. Con las vistas tan bonitas que había, me imagino a la familia Mendoza mirando durante horas por la ventana…

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¡Soy una princesa en la torre!

El castillo es pequeñito y se puede ver con calma en una mañana, lo cual nos dejó bastante tiempo para comer tranquilamente y pasear por el pueblo y los alrededores. ¿Habéis visto alguna vez cigüeñas pasear por la calle? ¡Aquí veréis unas cuantas! El tejado de la iglesia estaba lleno de nidos.

 

Espero que os haya gustado este artículo. Pronto escribiré sobre mi viaje a Santander. ¡Que ya va tocando, hace un año que fui!
También viajaré dentro de poco a Málaga, donde iré a una boda, y en septiembre volveré a Chile. Eso sí, ¡dentro de Chile estaré explorando sitios nuevos!

¡Nos vemos pronto!

Tenerife

Chicos, me he tomado unas largas vacaciones, en las que me he dedicado más a vaguear que a hacer mi trabajo. Es lo malo de ser bloggera, ¡una no tiene horarios, y no se organiza! Pero no os preocupéis, que ya he vuelto con más aventuras de viaje.

Como muchos ya sabéis, en febrero estuve de viaje en Tenerife, en las Islas Canarias. ¡Ya me hacían falta unas vacaciones semi-tropicales de sol, playa y palmeritas! La isla me ha encantado, y estoy deseando volver algún día para ver todo lo que me ha faltado. Especialmente el Teide, ya que la semana anterior a mi viaje hubo unas fuertes tormentas de nieve (¡cuesta imaginarlo!), y las carreteras de subida al volcán aún seguían cortadas. Recorrí la isla todo lo que pude, aún sabiendo que no me iba a dar tiempo a verlo todo, porque ¡cuatro días es muy poco tiempo!

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¡Al rico plátano de Canarias!

 Comencé mi ruta por Puerto de la Cruz, donde tenía el hotel, una de las ciudades turísticas más conocidas de Tenerife. Como en la mayoría de las ciudades de Tenerife, el centro histórico de la ciudad tiene un precioso estilo colonial, que recuerda al de muchas ciudades de América. ¡Daba la impresión de estar en el Caribe! Además, sus playas son de las más bonitas que he visto, especialmente el conjunto de Playa Jardín, formado por tres playas de bandera azul, rodeadas de preciosos jardines. ¿Sabíais que la mayoría de las playas de Tenerife son de arena negra? Esto es porque están formadas por sedimentos de roca volcánica. Merece también la pena visitar el Jardín Botánico, donde podemos ver árboles y plantas de todo el mundo, además de muchas plantas típicas de Canarias. Como las Islas Canarias son volcánicas, tienen una flora muy particular, ¡hay muchas especies de plantas que sólo crecen aquí!  Una de ellas es un árbol llamado “drago“, del que hablaré un poco más adelante.

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¡Mirad qué vistas más preciosas teníamos desde el hotel! El Teide todavía estava nevado.

Sin embargo, lo más conocido de Puerto de la Cruz es, sin duda, el Loro Parque. Dicen que es el zoo número 1 de Europa, ¡y el 2º de todo el mundo! Para visitarlo hace falta un día entero. ¡Es enorme! Y hay toda clase de animales: gorilas, tigres, pingüinos… También hay espectáculos con delfines, leones marinos, ¡e incluso orcas! Hay que ir dispuesto a mojarse… Y, por supuesto, hay multitud de aves (de algún sitio tenía que venir el nombre de “Loro Parque”, ¿no?). Me alegró mucho saber que todo el dinero recaudado por el parque está destinado a la conservación de todos estos animales, y que tienen un importante centro de conservación e investigación de loros. ¡Incluso pudimos ver a algunos polluelos recién salidos del nido!

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Tengo muchísimas fotos de animales en el Loro Parque, pero si me pongo a añadirlas, ¡lleno el artículo entero! Eso sí, pondré unas cuantas en mi página de facebook.

Cerca de Puerto de la Cruz hay un pequeño pueblo llamado Icod de los Vinos, muy conocido por su Drago Milenario. El drago es un árbol muy curioso, que sólo se encuentra en Canarias. El que hay en Icod es el más antiguo que se conoce. Aunque lo llaman “milenario”, en realidad se calcula que tiene unos 800 años. ¡Y es enorme! Se encuentra en un parque botánico, junto con otras especies de plantas endémicas, aunque, para mi gusto, se ve mucho mejor desde la Plaza de la Iglesia de San Marcos.

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¡Qué árbol tan enorme!

 Uno de los pueblos que más me ha llamado la atención es La Orotava. Si ya os comentaba antes que el estilo colonial recordaba a muchas ciudades de América, ¡aquí sí que parecía estar inmersa en la película  “Piratas del Caribe”! En La Orotava hay varios edificios del siglo XVII que se conservan casi tal cual en la actualidad. Me llamó especialmente la atención la Casa de los Balcones, un edificio precioso, con un patio interior que actualmente hace de centro de artesanía tradicional. Hablando de balcones, también merece la pena visitar, aunque sea por fuera, la Casa Lercaro, un poco del mismo estilo, con unos preciosos balcones de madera tallada en su fachada. Y si os gusta el estilo colonial y colorido, tendréis que echarle un vistazo al Ayuntamiento y al Liceo Taoro, un impresionante edificio ¡completamente rojo!

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Por si alguien pensaba comentarlo, sí, estoy algo desenfocada. ¡Pero el fondo merece más la pena!

Una ciudad imprescindible de visitar en Tenerife es San Cristóbal de la Laguna, ciudad declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, por ser la primera ciudad colonial española sin murallas. ¡El trazado original de la ciudad se mantiene aún desde el siglo XV! Fue, además, la primera capital de Tenerife. Y es una importante ciudad universitaria, ya que cuenta con la primera universidad de Canarias, la Universidad de la Laguna. Como ciudad histórica, cuenta con muchísimos edificios antiguos que merece la pena visitar. El Ayuntamiento (¡se construyó en 1511!), la Casa del Corregidor, la de los Capitanes Generales (merece la pena entrar, no sólo por su precioso patio, sino porque también se encuentra aquí la oficina de turismo), el Palacio de Lercaro… Cuenta también con conventos, y varias iglesias, entre ellas la de Nuestra Señora de la Concepción, con su altísima torre, y la Catedral de Nuestra Señora de los Remedios. ¡Hay mucho que ver en esta ciudad!

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De fondo se ve la torre de la iglesia de Nuestra Señora de la Concepción.

No pudimos detenernos en La Laguna todo el tiempo que nos habría gustado, ya que pretendíamos hacer una ruta bastante larga en muy poco tiempo. ¡Pero eso es una excusa para volver! Después de comer unas deliciosas papas arrugadas con mojo (típicas de Canarias, y a mí me quedan muy ricas), seguimos nuestra ruta hacia Santa Cruz de Tenerife. Es la co-capital de las Islas Canarias, junto con Las Palmas de Gran Canaria, además de un importante puerto. Además de algunos edificios históricos como el Castillo Negro o los restos del Castillo San Cristóbal, del que sólo queda la muralla, ya que fue derribado para ampliar la ciudad, Santa Cruz tiene también algunos edificios de arquitectura moderna, como el Auditorio y el Centro Internacional de Ferias y Congresos. Estos dos últimos fueron diseñados por Santiago Calatrava. ¿A qué os recuerda? Os hablé de él durante mi visita a Valencia.

Tampoco vimos mucho de la ciudad, ya que estuvimos un buen rato tomando el sol en la Playa de las Teresitas. Al contrario que la mayoría de las playas de la isla, la de las Teresitas es de arena blanca. ¿Sabéis por qué? ¡Trajeron la arena del mismísimo Desierto del Sahara!

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Tras terminar de relajarnos en la playa, cogimos el coche y nos dirigimos hacia la punta norte de la isla, recorriendo el montañoso Parque Rural de Anaga. Nos paramos por el camino en varios miradores, porque ¡mirases donde mirases, había unas vistas impresionantes! Podría hacerle fotos a todo, ¡incluso desde el coche! Eso sí, hay que tener mucho cuidado con las curvas, ya que es una zona de carreteras muy estrechas y empinadas. De vez en cuando se veían un par de casitas aisladas en la montaña, y me preguntaba cada cuánto tiempo pasaría por allí el autobús (¿sabíais que en Canarias a los autobuses los llaman “guaguas”?). Al anochecer se levantó una niebla muy espesa, con lo que tuvimos que ir conduciendo muy despacito, por si nos cruzábamos con algún coche de frente. Tengo que reconocer que el bosque, cubierto con aquella bruma, daba un poquito de miedo.

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En la foto de la izquierda estoy en el mirador de Taganana. ¡Hacía tanto viento que Marta tuvo que sujetarme la patita para que no me volase! A la derecha tenemos una vista de la playa de las Teresitas desde un mirador, y el paisaje que se veía desde el coche, al ir subiendo.

Dedicamos otro día a visitar algunos pueblos del sur de la isla. El primero de ellos fue Candelaria. Su nombre se debe a que, según cuenta la leyenda, apareció, unos cien años antes de la conquista española, una estatua de la Virgen de la Candelaria. Los guanches, es decir, los indígenas que habitaban la isla antes de llegar los españoles, recogieron la estatua y la adoraron, poniéndole el nombre de Chaxiraxi. Una copia de la estatua se puede ver en la Cueva Achbinico, donde se encuentra la ahora llamada Ermita de San Blas (¡sí, una ermita en una cueva!). Posteriormente se construyó la enorme Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria. En esta plaza se encuentran también las estatuas de los antiguos reyes guanches de Tenerife. Me puse a investigar un poco sobre los guanches, ya que no se sabe mucho sobre ellos. ¡Eran un pueblo un tanto misterioso! Por el idioma se deduce que pueden estar emparentados con los bereberes del Sahara. Eran buenos nadadores, pero a pesar de vivir en la costa, no construyeron grandes embarcaciones, sino sólamente algunas balsas. Se dedicaban al pastoreo y a la agricultura, y vivían en cuevas y chozas de piedra. Dividieron la isla en nueve reinos o “menceyatos”, de cuyos reyes se pueden ver varias estatuas en la Plaza de la Patrona de Canarias.

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Después de visitar Candelaria fuimos a Güímar. Una de las cosas que más llama la atención de esta zona es la Reserva Natural Malpaís de Güímar, con su precioso paisaje volcánico, formado por el encuentro de la lava con el mar. También estuvimos en la Playa del Puertito, de aguas bastante tranquilas gracias a sus rompeolas y con un precioso y largo paseo marítimo, y en el Parque Etnográfico de las Pirámides.

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El Parque Etnográfico de las Pirámides de Güimar está situado en torno a unas pirámides, de las que no se sabe bien la fecha de construcción, aunque se sospecha que tenían finalidad agrícola. Tiene una exposición muy interesante sobre la expedición de Thor Heyerdahl (la expedición “Kon-Tiki”), quien navegó por el Pacífico en una balsa, e hizo algunos estudios sobre las pirámides a lo largo de todo el mundo (las pirámides mayas en Centroamérica, las de Egipto…). También hay una exposición sobre la Isla de Pascua (Chile) y un Jardín Venenoso, que muestra diferentes plantas venenosas. ¡Qué miedo da tocarlas!

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Dejando atrás Güímar, nos dirigimos en coche hacia la zona de turismo playero por excelencia, formada por la Playa de las Américas y los Cristianos.  Es la zona más cálida de la isla, con lo cual es ideal para bañarse en el mar en cualquier momento del año. ¡El sitio favorito de los alemanes para tomar el sol! Tiene unas playas muy bonitas, y es muy agradable pasear por el paseo marítimo, todo lleno de restaurantes de comida típica. Ideal para comer tranquilamente, echarse una siesta al sol, y después darse un chapuzón en el mar.  Me llamó mucho la atención que, cada vez que alguien quería hablar con nosotros, lo hacía primero en alemán, después en inglés, y tras un par de frases, se daban cuenta de que éramos españoles. ¡Costaba imaginar que estábamos en España! Es lo que tiene el turismo…

Si hubiésemos tenido algo más de tiempo, habríamos pasado por la Costa de Adeje, para ver sus playas, la reserva natural del Barranco del Infierno, y el parque acuático Siam Park. También me habría gustado hacer una excursión en barco para ver ballenas. ¡Tiene que ser impresionante verlas en su entorno natural! La próxima vez será.

Pero lo que sí pudimos ver al aterdecer, y que realmente merece la pena ver a esta hora del día, es el Acantilado de los Gigantes, situado en Santiago del Teide. ¡La puesta de sol desde el mirador es impresionante! Desde este punto se puede ver a lo lejos, en el horizonte, la isla vecina, La Gomera. Cuenta una leyenda que a veces, más allá de la Gomera, se puede ver la Isla Fantasma de San Borondón. Desde hace siglos se habla de esta isla, e incluso figura en algunos mapas de los siglos XVI y XVII, pero curiosamente, nadie la ha encontrado. Un día está ahí, y por la noche ha desaparecido. ¡Qué misterio!

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Los acantilados tienen hasta 600 metros de altura. ¡Qué imponentes!

Con esta vista de Los Gigantes terminamos nuestra aventura en Tenerife, ¡pero no sin ganas de volver! Esta isla me ha dejado un muy buen sabor de boca, que me ha dejado con ganas de más, además de querer visitar las demás islas: Gran Canaria, Fuerteventura, Lanzarote… ¡Todavía hay tantos sitios que ver en Canarias!

Tengo tantos sitios pendientes sobre los que escribir, que no sé por cuál decidirme. ¿Sobre qué queréis que escriba la próxima vez? ¡Os dejo elegir cuál será mi siguiente artículo! Aquí tenéis algunas opciones:

  • Londres
  • París
  • Barcelona
  • Santander
  • Amsterdam
  • Valle del Elqui (Chile)

Dejadme vuestra elección en un comentario, o en mi página de facebook. ¡Intentaré escribirla lo antes posible!

Quiero felicitar también a las ganadoras de la postal de Tenerife, en el sorteo exprés: Laia, María, Marian y la ya veterana Rita. ¡Pronto tendréis vuestra postal en el Buzón!

 

 

 

Novedades, ¡y 4º sorteo de postales!

¡Hola, chicos! Nos han surgido bastantes imprevistos últimamente, y eso nos ha dificultado escribir todas las cosas que teníamos pendientes. ¡Tenemos mil cosas que hacer! Mucho estudio, un par de recados, proyectos, ideas e incluso tendremos pronto una pequeña visita al hospital. Pero no os creáis que todo son tareas y estrés, también saco algunos momentos para relajarme y jugar en el jardín.

¡Qué divertido es jugar con las hojas!

¡Qué divertido es jugar con las hojas!

Lo primero de todo es mi lista de artículos pendientes. Tengo preparado el artículo sobre el Valle del Elqui, con todas mis notas reorganizadas. Ahora que estoy en España de vacaciones aprovecharé para escribirlo, ¡que ya va siendo hora! Además, tengo muchos otros sitios sobre los que tengo que escribir, pero aún no me he puesto a trabajar sobre ellos. Barcelona, Bremen, París, Gante, Colonia, Amsterdam, Santander, Koblenz, Salzburgo… Así que quiero que me digáis vosotros: ¿cuál de estas ciudades queréis que os cuente primero? 

También voy a empezar en cuanto pueda a traducir mi blog al alemán. ¡Tengo tantos amigos alemanes que no pueden leerme, que ya va siendo hora! Iremos muy poco a poco, eso sí, porque aún no sé escribir muy bien en alemán y voy a necesitar algo de ayuda para corregir. ¡Es todo un reto!

Me gustaría darle igualmente un nuevo toque a mi blog. Cambiar el fondo, redistribuir columnas… Quizá Haga un nuevo dibujo. Y me gustaría añadir una nueva sección de recetas de cocina internacionales. En cada sitio al que voy me gusta probar las comidas tradicionales y aprender a hacerlas. La idea de enseñároslas se me ocurrió cuando me compré una calabaza para Halloween y pensé ¡con esto puedo hacer unas buenas sopaipillas!

¿Qué os parece mi calabaza de Halloween?

¿Qué os parece mi calabaza de Halloween?

Por último, lo que todos estabais esperando. ¡Un nuevo sorteo de postales! ¿Cómo funciona? Os lo explico:

  • Este sábado me voy de viaje. ¡Pero no os diré a dónde! ¡Tenéis que adivinar a qué ciudad voy!
  • Tenéis hasta el domingo de noviembre para dejarme comentarios en facebook, twitter, instagram, e incluso en el propio blog, con la ciudad a la que pensáis que voy a ir. Tendréis que estar atentos a todas mis redes sociales, porque iré poniendo pistas.
  • El domingo anunciaré dónde estoy. ¡Así sabréis si habéis acertado!
  • En cuanto vuelva de mi viaje, el martes, sortearé tres postales entre todos los acertantes. ¡Os haré saber inmediatamente los nombres de los ganadores!

¡Aquí va la primera pista!

En esta gran ciudad los autobuses son rojos

¡y conducen por el otro lado! 

¡No me digáis que no os lo he puesto fácil! Con la primera pista ya está bastante claro, pero aún así os iré poniendo alguna que otra pista en mis redes sociales.

Esto es todo por ahora. Ahora tengo que ponerme a trabajar, aunque aún no he decidido si trabajaré en el artículo del Valle del Elqui o en el blog en alemán. ¡Uf, qué de cosas que hacer!

¡Terremoto!

Hola, aquí Marta al teclado. Henrietta está aún demasiado asustada como para escribir. Acabamos de tener un terremoto en Chile, pero en Santiago está todo bien.

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Aún no se atreve a salir de debajo de la almohada.

El epicentro ha sido en la zona de Coquimbo y la Serena, justo donde estuvimos el fin de semana pasado. Según las noticias ha sido de unos 8,3 grados, con lo cual ha sido un terremoto en toda regla. El restaurante donde estuvimos comiendo el domingo se ha derrumbado y el faro está inundado (¡después de un terremoto siempre viene un maremoto!), pero por suerte ya estamos de vuelta en Santiago, donde la sacudida ha sido la justa para que tuviésemos que refugiarnos en el marco de la puerta (es el lugar más seguro en caso de terremoto, no lo olvidéis).

Pero no hay de qué preocuparse, aunque a Henrietta aún le tiemblen las patas, aquí todo quedó en un temblor. ¡Nos vemos pronto con más viajes!